lunes, 9 de mayo de 2011

No sé, "algo" escrito sin pensar

A una persona no se le puede pedir que sea feliz. Y digo persona porque, en su correspondiente definición, se indica que es miembro de una sociedad y rige sus acciones en función de la ética de la misma.
Tratamos la tristeza como si de la peste se tratase. ¿De verdad es plenamente correcto o éticamente correcto ser feliz? por supuesto, está comprobado que la felicidad proporciona muchas más satisfacciones que la tristeza pero, ¿nadie piensa en las ventajas de la melancolía? en un estado de plena euforia, jamás puedo comportarme como realmente soy.

A mi parecer, la única forma de mostrar nuestra esencia -única y exclusiva en cada uno de los mortales- es mediante la tristeza, el desamparo y la soledad. Dulce y amarga soledad, contradictoria desde que la conozco, maltratadora de mi carne y también de mis pensamientos, ¿por qué la huyo si luego la anhelo? ¿por qué la odio si luego la amo? ella es la única que puede hacerme sentir tal y como soy, junto con la tristeza, que extrae segundo a segundo las frases más sinceras que pudiera llegar a pronunciar jamás.

No se le puede exigir a una persona que viva en felicidad. Quizás, esa persona sólo tiene capacidad de mostrarse al mundo por medio de la tristeza, porque nadie le ha enseñado a ser feliz o a, simplemente, fingir serlo, como tantas, tantísimas veces ocurre. Con esto no hablo de que la felicidad sea algo positivo que inhiba a la persona y le impida mostrarse como realmente es pero, sin embargo, pienso que en la euforia podemos llegar a pronunciar frases sobre sentimientos que, en realidad, no sentimos. Es la típica situación de cuando éramos pequeños, de estar contento con un "alguien" que habías conocido hace nada, que él/ella te dijese: "¡Eres mi mejor amigo!" y tú contestases -por miedo a su reacción o dejándote llevar por la emoción de momento-: "¡tú también eres mi mejor amigo!"
Me ha ocurrido tantas, tantísimas veces que, dejándome llevar por la euforia temporal, he dicho cosas de las que luego me he arrepentido tanto... Pero eso es pasado: aprendí a no afirmar teorías que creía sólo durante segundos para luego no tener que arrepentirme el resto de mi vida. Bajo mi punto de vista y, en contraposición a lo que suele decirse, las palabras no se las lleva el viento... Si así fuese, me habría ahorrado muchísimos problemas a lo largo de mis relaciones con la sociedad.

Por eso, prefiero hablar de mis sentimientos cuando me siento sola y algo triste. No deprimida, ya que el resultado de lo que diga en esos momentos tendrá las mismas características que si de euforia se tratase: hablaría por hablar y, al final de todo, me arrepentiría de lo que he dicho -sobre todo si alguien te ha escuchado...-

En realidad no tengo nada más que decir. Estas frases han sido un conjunto de un todo. En verdad no estoy triste, tampoco eufórica, pero estoy feliz, supongo. No lo digo intentado quedar como una ingrata, tan sólo he escrito todo lo anterior porque... porque, no sé, supongo que necesitaba hacerlo (... aunque aún no sepa exactamente por qué)
Y no lo escribo rayando las metáforas y empleando palabras rebuscadas... en verdad, lo digo tal como lo pienso: escribo lo que siento en cada milésima de segundo. Hace tiempo, también aprendí que la verdad es esta: textos con frases que se repiten y que no quedan demasiado bien cuando se leen dos veces pero que, sin embargo, conforme lo vas escribiendo, te parece una verdad universal.

Esta es la vida, o al menos "mi vida"... o algo así.

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