viernes, 15 de octubre de 2010

Por ejemplo, Carlos y Ana

Hacía siglos que no actualizaba el blog, pero el tiempo que me resta hasta la comida parece que me obliga a hacerlo.
¿De fondo? mogwai



A veces, las cosas no son lo que parecen. En realidad, a excepción de algunos dogmas innegables, nada es lo que parece. A mi parecer, vivimos inmersos en una nube de sentimientos y sensaciones preestablecidas que, cuando cobran tintes personales, llegan a asustarnos, porque no es lo estipulado. Con esto no me refiero a momentos del estilo "toda mi familia es budista y yo tengo miedo porque no me siento budista" no. Hablo de algo más profundo y mucho más, podría decirse, esotérico. Conceptos como el amor o la amistad. Y hablo del amor como fenómeno que revuelve hormonas y pensamientos, no como simple cariño: sino enamoramiento, del de verdad (¿auque cuál es verdadero? ¿y los demás?)

¿Existe? ¿o debería pensar que, como dicen en aquella películas con tintes pesimista-realistas, es simplemente algo pasajero?

A partir de este punto voy a desarrollar un ejemplo que, quizás, simplemente sirva para ayudarme. Por lo que tampoco es necesario que lo sigáis. Solamente lo relataré:

Tenemos, hipotéticamente, a una pareja. Se quieren. Se llaman -pongámosle nombres- Carlos y Ana (por ejemplo)
Se encontraron en x momento de sus vidas, de pronto, como todos los acontecimientos importantes en las vidas de las personas. Y se quieren, se quieren mucho. Se han besado con todos los sentimientos a flor de piel, se han dicho cosas (y se las han escrito) bellas, bellísimas y, sobre todo, sinceras. Incluso, aunque suene estúpido, han planeado un futuro juntos. Porque se quieren, se compenetran y no les importaría pasar el resto de su vida juntos, es más: quieren. Porque se consideran almas gemelas o, simplemente, porque se entienden. Eso ya es algo muy personal, ya que cada persona busca algo diferente en lugares diferentes.
¿Hasta aquí todo es correcto? debería ser que sí. Pero, por mucho que ellos afirmen que ese amor es verdadero y único, ¿están en lo cierto? hay muchas teorías. Yo, tristemente, no lo creo. Porque mi naturaleza me lleva a pensar que su amor es otro como otro cualquiera y que, igual que Carlos ha encontrado en Ana su mitad, podría encontrarla en otra mujer. Soy de aquellas personas que opinan que, al nacer, tienes a un número concreto de personas que habitan en tu mismo país (o en el mundo en general) de las cuales podrías enamorarte. Y otras tantas, que podrían enamorarse de ti. ¿Almas gemelas? seguramente hay muchas. Pero todo, en verdad, podría describirse como un videojuego de finales alternativos. Todos son finales, sí, pero no son iguales. Y uno no tiene porqué ser necesariamente mejor que otro... simplemente, son distintos.

Es mi modo de verlo.

También opino que, quien de verdad cree en lo primero que he citado (en ese amor eterno, único) y tiene dos dedos de frente, sufrirá, sobre manera, cuando una tercera persona (aunque sea de un modo fugaz) supla en un 0'01% aquello que su actual pareja no suple. Será frustrante y le hará plantearse muchas, muchas cosa. Le hará planteárselo todo, incluso si su amor, si su relación, tiene validez; o, si, total, para que vuelva a ocurrirle lo mismo no será mejor abandonar cualquier tipo de relación amorosa... ya que no tiene porqué ser duradera.

Por supuesto, también opino que cada persona lo piensa y vive de un modo distinto. Quizás, mi forma de ser es más abierta (o como los demás quieran llamarlo) Quizás es que soy poco convencional o soy más partidaria del "todo con todos", del descubrir a cada una de las personas del modo más íntimo que te nazca, u os nazca...

Es que, para qué engañarnos, me cuesta pensar que el amor dura siempre. Es mi naturaleza objetiva con tintes pesimistas y no puedo remediarlo.
Pero hay una cosa que sé con toda certeza, hay algo de lo que tengo constancia y, para mí, es incluso dogmático: es doloroso.




Qué se le va a hacer.