lunes, 31 de mayo de 2010

Adiós

Supongo que hay momentos que caducan cuando empiezan, o cuya cuenta atrás se inicia con la primera sonrisa recíproca, el primer cruce de dedos, el primer encuentro de miradas.
Supongo que, en la vida, todo es claramente perecedero. Que las relaciones sociales mueren constantemente (para que, otras, nazcan)

Será que ya no tienes nada que ofrecerme ni yo nada que entregarte, que esos hilos que tanto y tan bien nos unían los ha cortado la distancia, el tiempo y la indiferencia. Que no sé de ti y tú no sabes de mí, y que no me interesa saberlo, al igual que a mi tampoco.

Que no nos llamamos, pero no se nota. Y no me llamas, pero no te echo de menos.
Es limpio, cortante, sencillo e indoloro.

Acéptalo.
Ya no pinto nada en tu vida.
Ni tú en la mía.

Sí, te has sentido levemente identificado, ¿verdad?
Sí.
Es que eres tú.
¿Quién si no?

jueves, 13 de mayo de 2010

Sueños contradictorios y Love of Lesbian





No serás capaz de odiarme...

lunes, 10 de mayo de 2010

Para ti

Hoy han venido a mí unas frases que escribí en la agenda de cierta personita. Éstas, en principio, vinieron sin yo quererlo, por suerte o quizás por azar, como respuesta a los indicios de inventiva que en aquellas fechas nos traíamos entre manos.
Aquellas frases, antes algo ajenas a mi vida, se han adherido a mí hace escasos minutos para recordarme que cada palabra que nace de nosotros lo hace por pura experiencia.


¿Sabéis?
Hay días que son sólo recuerdos .
Recuerdos abstractos y difusos, serpenteantes; como si quisiesen escapar de su propia existencia y eludir ser leídos.
Recuerdos, en cambio, puramente diáfanos y exactos; como si de ellos naciese la voz cantante que nos impera acudir a la acción de recordar, propiamente dicha.

Hay veces en que yo, sobre todo estos días, emprendo una carrera contrarreloj contra mis recuerdos y ellos, siempre con ventaja, ganan a esta pobre ilusa que cree que, por tan sólo recordar, no hace daño a nadie.

Y entonces entras tú, objeto de mi constante ida y vuelta sentimental, de mis suspiros diurnos y matutinos; de unos silencios, condenados a ser tan sólo escuchados por mí, cuya riqueza léxica brilla por su ausencia.
Entras tú, con tus miradas a medias y tus sonrisas torcidas. Con la perfección vestida en tus manos y escrita en cada curva que pronuncia tu faz. Con una inocencia mordida que renquea, asomando entre esos gestos maduros de personas mayores.
Y con tus ojos, desde el último minuto en el cual quedaste atrapado en mi memoria, me miras suplicante y hambriento de un beso, tan sólo un beso; tú, en esos instantes, espejo de mis más profundos deseos.

Hay días que, por suerte, son sólo recuerdos disfrazados de cariño mientras que otros son marionetas de la pérdida y la soledad. Aprendices torpes e inexpertos de un 'te echo de menos' pronunciado a trompicones.
Hay días que son sólo recuerdos de ti, como hoy, o de una imagen de los dos, perdidos en algún centímetro de tu cama o de la mía. Dispersos en un mundo que no nos corresponde pero al que, sin embargo, cada segundo tenemos libre acceso.
Son sólo retazos de los días que solemos pasar juntos, de tus caricias o de mis besos, de un paseo largo y distendido a la orilla del olvido de las horas.

Y es ahora cuando, presa del recuerdo y de madrugada, le escribo al mismo recuerdo, para que un día le lleve esta pequeña carta al destino y ésta me haga el favor de entregártela.

Quizás es en estos días cuando la cordura dice no y olvida sus deberes como regente de mis pensamientos...
Quizás es que estos días no son recuerdos, sino que sólo eres tú.
Tú.
Tú.
Y tú.

viernes, 7 de mayo de 2010

Preludio de la ya imbatible soñolencia

De acuerdo, aquí estoy. Eso en principio es una afirmación innegable, ¿no es así?
En segundo lugar, ¿qué hago aquí? pero, ah, la duda llega tras enunciar.
Lo que da lugar a pensar que he perdido un poquito el sentido del tiempo.

Estoy un poco mareada y me duele el cuerpo. Siento cómo tanta medicina y tanto corticoide se apodera de mi antes inmortal condición física.
Y supongo que, aunque suene estúpido, hoy me he enterado de que los para siempre no existen. Jamás han existido.

He podido leerlo, verlo en películas, vivirlo en pieles ajenas incluso... Pero nunca, nunca antes, he sentido en mis carnes ese dolor físico. Nunca antes he sentido la enfermedad, ya que siempre he tenido unas defensas alucinantes (pese a todo las sigo teniendo) y ahora siento cómo mi cuerpo se degrada, cómo este traje que me cubre sufre, se desgasta, se rompe y se reconstruye como puede.

Y qué decir.
Me da lástima. Pena. Me entran unas ganas tremendas de llorar y lo haría sino fuese porque me duele cuando lo hago.

Y no lloro por el dolor. No es que le tenga miedo al dolor que pueda traerme el llanto, sino que más bien le tengo miedo a perderme.

Hace tiempo (no demasiado, de hecho) me preocupaba más por un yo que se perdía dentro de mí. Jamás le he prestado atención a mi cuerpo, ¿sabéis? él se ha portado demasiado bien conmigo y nosotros, la raza humana, siempre tendemos a olvidarnos de todo aquello que nunca nos causa problemas, cuando debería ser justamente al revés.

Ahora mismo vivo recluida en mi salón, donde paso las horas muertas leyendo, jugando a los Pokémon (Sí. Pokémon. Me encantan los Pokémon) , viendo las películas que puedo e intentando que el tiempo pase, pase y pase. Lo cual me han dicho que es lo mejor, ¿sabéis? Suena paradójico, porque siempre he creído que "dejar pasar el tiempo" es justamente una pérdida del mismo. Nunca me ha gustado, simplemente, "dejar pasar el tiempo" porque considero que es como desperdiciarlo. Pero los médicos (y mi padre, que a todo esto no sé quién es más sabio...) me lo han aconsejado. Me dicen: "Entretente, olvídate, haz otras cosas para que las horas pasen y así no sientas tanto el dolor. Porque si te centras única y exclusivamente en éste, es para volverse loco, vamos" Lo cual es bastante creíble, la verdad.

Nunca me ha gustado que la gente se compadezca de mí y mucho menos compadecerme de mí misma. Con esta entrada no pretendo nada, la verdad. Es que simplemente me cuesta hablar (bueno, hablar ahora es tarea de temerarios para mí) y tengo muchas ideas encerradas a presión en la mente a fuerza de callar y mirar por la ventana del salón.

Al menos mi madre está aquí para acompañarme, pero me siento un poco sola en este pequeño arresto domiciliario.
Me han dicho que no me preocupe por lo que venga después (les recuerdo que estoy a las puertas de los exámenes del Cambridge, que son la semana que viene; y Selectividad, en un mes y poco) porque ahora mismo mi cuerpo necesita (Qué paradójico. Mi cuerpo jamás se ha antepuesto a mis deseos...) descanso y relax. Y cuidarme el bazo. Que dicen que si me pongo nerviosa (cosa frecuente en mí), cargo cosas pesadas o hago movimientos bruscos, el bazo me revienta. Así que estoy embutida en un pijama improvisado, una bata de mi progenitora y una mantita ya retirada bajo los pies (tengo calor)

Y ya está.
No sé.
Creo que voy a irme a leer un ratito.