sábado, 7 de noviembre de 2009

No saben a queso

Si cierro los ojos y me concentro aún soy capaz de invocar los recuerdos de aquella madrugada.
Tú, yo; solos en tu cuarto.
Se pueden escuchar algunos ruidos en el patio de luces, ruidos que me hacen girar la cabeza con nerviosismo. El repicar de unos pasos, en Dios sabe qué parte de tu casa; el sonido de unos platos chocando silenciosamente; una voz que, desde otro piso, protesta.

-¿Qué ha sido sido eso? A ver si despertamos a tu hermano...
-Que le den a mi hermano...

Y es entonces cuando me besas.

Tus besos.
Tus besos son dulces y saben a ti. Son cálidos, como tus manos, como tu cuello, como tu espalda. Los besos que me regalas son inocentes, y tus labios te delatan cada vez que me acerco a ti, los rozo y les hago creer que voy a besarlos. Ellos se entreabren y tú inclinas tu cabeza para facilitar el roce, buscándolo. Yo me río. Tú te sonrojas, lo sé, aunque estemos casi a oscuras.
Entre beso y beso puedo escuchar tu respiración entrecortada, acompasada por un leve temblor por mi parte (y quizás por la tuya)

Tus besos son delicados, amables. Aunque, en momentos, sintiese que te comía el deseo, seguían manteniéndose en aquella línea; aunque tu lengua pareciese tener más prisa por encontrar la mía, no pasaba nada. Tus besos eran exactamente igual de suaves. Y eso me encantaba.

Creo que te dabas cuenta.

Esas dos noches, tu boca parecía encajar a la perfección con la mía. Sé que algo así es imposible (¿no?) pero, en ese instante, sentí que jamás encontraría otra boca igual. Aunque en ocasiones perdiésemos el ritmo (en tu empeño por acariciar con tu lengua mis dientes) aquellos besos parecían haber estado ensayados. Por mi parte, había estado pensando en ellos meses atrás; quizás el mismo día que volví a verte, aunque sólo se tratase de una curiosa pregunta: "¿Cómo besará?" y ahora ya lo sé. Y me siento orgullosa.

Y quiero más.

Sé que no suelo ser demasiado expresiva, sé que no se me da bien repetirte tantísimas veces como tú lo haces que me gustas, que nos ves juntos dentro de unos años... pero es que esta noche he tenido una pesadilla, y hoy me siento débil.

He soñado que todo esto moría, y me he puesto a llorar como una estúpida.

Sé que no hemos pasado casi nada juntos. Sé perfectamente que, con unos besos, alguien no puede llegar a enamorarse, pero (y aunque no debería escribir todo esto en un lugar así, lo sé) he de escribirte, desde lo más profundo de este blog, que no quiero que la pesadilla que tuve anoche cobre vida; porque yo no quiero que ése lunes sea el último lunes que te besé. Quiero que sea el primer lunes de muchos lunes (y fíjate que yo odio los lunes...)

Y que te quiero, aunque no sepa tocar el piano, aunque sea una pesimista que siempre te rompe los sueños, aunque no sepa demostrarte muchas veces que te quiero y aunque
tenga cierto trastorno bipolar y tendencia a aislarme del mundo.
Te quiero, te quiero, te quiero.
Y punto.








(Ah. Y tus besos no saben a uvas con queso D:)






Imbécil.
-clic-


































(Y no quiero comentarios. Gracias :D)