martes, 3 de noviembre de 2009

III

Nada es igual, ¿sabes? nada es igual.
Viviendo en una hipocresía constante, de verdad, no sé cómo me mantengo en pie. Esforzándome por sonreír, por estar bien, en un torbellino de emociones, sentimientos y preocupaciones que no quiero compartir con nadie. No quiero, simplemente, hablar con nadie.

¿Sabes? bueno, te escribo a ti, que me lees, aunque no sé quién eres. Puede que nos conozcamos (¿nos conocemos?), puede que además seas un asiduo de mi blog (no caerá esa breva) o que, incluso, seamos íntimos. O quizás solamente pases por aquí y, al aburrirte mucho, hayas decidido leer qué te digo.

Pues vale.

A lo que iba: ¿sabes? me preocupa todo y no me preocupa nada. Soy la reina de las contradicciones. Puedo querer y odiar algo al mismo tiempo, puedo hacer que mis ideas cambien en un pispás, puedo aislarme de todo lo que quiero (y por tanto, no quiero) en cuestión de minutos (¡qué digo minutos!: segundos)
Así que, pequeño desconocido/conocido/asiduo/íntimo, ¿verdad que soy maravillosa?

No me gusta hablar y cada día me cuesta más expresar lo que siento. Aunque en este blog diga muchas cosas. Da igual. Sigue siendo exactamente lo mismo: cada día que transcurre me vuelvo más antisocial.
No es que me guste exagerar mis defectos, como muchos me decís. No es que me empeñe en ser horrorosa porque me guste. No soy masoca. ¿De dónde os sacáis esas ideas?
Tampoco soy pesimista: soy realista. Sé luchar por algo cuando sé que va a salir bien. Y no penséis que soy derrotista si afirmo que no pienso luchar por algo que no vaya a salir.

Y últimamente en mi vida rondan muchas cosas de ese calibre.

No me gusta eso de no controlar mis sentimientos, ¿sabes? al igual que tampoco me gusta que las cosas no salgan como planeo. Nunca doy margen a la improvisación. Odio la improvisación. Si por mí fuese, guardaría toda mi vida en una pecera y la tendría controlada. Y así perdería toda la gracia. Pero esto no se aleja mucho de la realidad.

Por otro lado, ¿sabes? suelo preocupar mucho a las personas que me aprecian. Estoy constantemente encerrada en mi caparazón, con mis problemas. Fíjate lo tonta que soy: todo el día dando consejos que nunca me aplico porque no quiero o no tengo fuerzas; pero en fin, es inevitable que les preocupe.
A veces me siento mal, incluso, pensando que soy una carga para ellos. Sólo le doy a la gente cosas por las que preocuparse, poco más.

Y, la verdad, es que las cosas no están bien conmigo misma. Pero es que nunca lo han estado.

En realidad no sé qué hago jugando a que mi vida es maravillosa, me río mucho y todo es felicidad, globitos de colores y arcos del triunfo.

No sé qué necesito.
Supongo que, como conclusión, no necesito (y más que no necesito es que NO quiero) a nadie cerca de mí.
Cada día lo tengo más claro.




Algún día me largaré.
Sí.
Y diré adiós a todo.
Ese día no sé qué será de mí, pero a veces tengo la sensación de que me he perdido en algún lugar recóndito y que no voy a ser capaz de recuperarme.

No sé.
Pálpitos.