sábado, 5 de septiembre de 2009

Oh, oh...

-¿Lara? ¡oh, sí, Lara! ¿Lara, estás ahí? ¿Lara? ¿¡Lara!?
-Sí, estoy aquí.
-¡Por fin apareces!
-¿Por fin apareces? Parece que hasta te alegres de verme.
-¡No lo hago! ¡pero menos mal que has aparecido! ¿sabes?
-Pero si siempre estoy aquí...
-Y-ya bueno, pero...
-¿Pero?
-En fin. Ya lo sabes.
-¿Ya sé el qué?
-Lo de siempre.

Silencio.

-A veces me das miedo.
-¿Por?
-Porque no te entiendo.
-¿No me entiendes? ¿no te entiendes?
-No te entiendo. No me entiendo.
-Acabarás padeciendo trastorno de personalidad.
-¿Sabías que le temo?
-¿A qué? ¿A tí?
-¡Sí! ¡mucho! ¡muchísimo! ¡más de lo que te piensas!
-Lara, pensamos lo mismo.
-Lara, no te descuides que sabes que lo sé.
-¿Ahora se cambian las tornas? ¿tú me cortas a mí?
-No, no te cortaré más. Lo siento.
-Así me gusta. Disculpada quedas.
-Después de lo de hoy...
-Sí. Debes darme las gracias.
-¿Agradecerme cosas? ¿hasta dónde he llegado?
-Hasta límites insospechados. Agradéceme lo de hoy.
-Gracias, Lara.
-De nada, Lara.
-¿Sabes? a veces estoy agusto contigo, pero otras tantas no.
-Pero luego bien que vienes cuando necesitas no sentirte sola.
-Ya... Soy muy egoísta, lo sé. Pero es que no me explico, tampoco, cuando comencé a dividirme en dos.
-TÚ no te has dividido. A tí te han dividido.
-¿Pero quiénes?
-Estúpida, lo sabes de sobra.
-¿Y por qué me siento ahora bien?
-Porque en nada comenzarás a sentirte mal.






































































Ooh...
No.