sábado, 26 de septiembre de 2009

Half time.

Las cosas nunca son lo que deseamos, eso estaba claro desde un principio.

¿Sabéis de esa sensación de vacío, de esa impotencia, de esa desgana que sientes innata por unos instantes? Dejas caer tus brazos y, cómo no, tus ánimos. Crees que, en algún momento, alguien de ahí arriba ha decidido hacerte las cosas difíciles, ha decidido hacerte llorar. ¿Para algún fin en especial, o tan solo para hacerte más fuerte?

No tienes ánimo de nada. Solamente necesitas llorar, llorar y llorar. Porque, ¿para qué hacer más? decidme: ¿para qué? ¿se solucionaría algo? ¿se calmaría este dolor que creía perdido?

Por qué, venga.
¡Decidme!
Comprendo que mi vida vaya mal, de acuerdo. Hasta ahí trago. Trago que mi ambiente familiar no sea el adecuado y que a veces me destroce, trago que me agobien mis estudios y mi futuro (porque claro, son cosas de adolescentes), trago que mis amigos más cercanos se hayan esfumado (porque ya no quedaba nada más detrás de toda nuestra hipocresía) e incluso me trago a mí misma (que no es poco) a mis continuas luchas por no apartarme del mundo, por no dejar que la soledad me consuma.
Pero, perdonad mi descaro, no trago el hecho de que hoy, justamente hoy, tras haber leído unos párrafos conmovedores y sentir que todo comenzaba a ir mejor... haya aparecido él.
¡Sí! ¡Tenía que ser así, al parecer! Tenía que haberme visto, haberse quitado los auriculares... Tenía que haber en ese mismo momento una banda de música reunida delante de mí, obstruyéndome el paso y obligándome a subir por unas escaleras donde él me esperaba para saludarme, evidentemente sin darse cuenta de nada. Tenía que llevar, justamente hoy también, esa colonia que no sé cuál es pero que adoro. Tenía que sonreirme de ese modo, tenía que estar solo, absolutamente solo, dispuesto a regalarme los siguientes 10 minutos. Solo a mí.
Y, simplemente, tenía que ser él. No otra persona que no me importase, sino él. Justamente hoy, el día que creí que comenzaba a olvidarle. El día de la mañana que llamé a mi mejor amiga para decirle: '¿Sabes? ¡YA no me gusta! ¿que cómo lo sé? ¡porque lo sé!' Pero no, ¿eh? no. Tenía que llegar él con su particular ingenuidad, con su caminar rápido, con su cuerpo erguido, saludarme y decirme al despedirnos: 'Bueno, un placer volver a verte. Y a ver si te vienes un día con nosotros, ¿eh? Lee los eventos del Tuenti la próxima vez'

Y ni se ha dado cuenta de que hace meses no tengo su cuenta porque le eliminé, por pura cobardía.

Al final, tras despedirme, he echado a andar deprisa. Las lágrimas han llegado a mis ojos, como si siempre hubiesen estado allí y en ese mismo instante se hubiesen puesto de acuerdo para delatar mis sentimientos. He echado a correr. He echado a correr lo más rápido que he podido. Le he pegado a una pared, a dos, a tres...

Pero, al fin y al cabo, sigo siendo la misma persona y sigo estando en el mismo sitio que meses atrás. Sigo estando sin él, sigo sin tenerle (evidentemente) pero sigo abrazando esos mismos sentimientos. Probablemente para nada.

(Y, al mismo tiempo, sigo sin tener gente que me lea. Aunque mejor)

Suena Mogwai.
'Half time'

0 comentarios: