domingo, 2 de agosto de 2009

A gritos

A veces la memoria nos juega malas pasadas. En mi caso, me ocurre constantemente.
En numerosas ocasiones perdemos la cordura y la noción del tiempo, obligándonos a depender de los recuerdos más frescos e inútiles.

Y, en otras tantas ocasiones, pendo de un frágil hilo entre la mentira y lo verdadero, lo que decido hacer bien por pereza a hacerlo mal y lo que hago mal por indiferencia al resultado que obtendré.

En numerosas ocasiones consigo entender el porqué de que muchos filósofos hayan acabado perdiendo la cabeza. Y es que, muchísimas, muchísimas veces es como si una multitud de desconocidos estallasen a comentar dentro de mi cabeza palabras sin sentido aparente. A gritos.

Conclusión. Quizás no sea tan bueno pensar...
Quizás debería dedicarme más a sentir.


(Pasado mañana, a Manchester)