domingo, 26 de julio de 2009

A menos de 5 metros.

Todo comenzó y acabó en menos de cinco minutos. Había tenido un buen día: un muy buen día. Habíamos ido a cenar Carmen (que es como una hermana para mi, ya que la conozco desde que tengo uso de razón), María y su primo Edu, a un bar de tapas. Nos habíamos reido mucho, habíamos contado chistes, hablado... Fuimos a tomar algo a un par de Tascas y todo fue como la seda. La despedida de María y Edu (que fue la tercera o así) emotiva, cómo no (sobre todo porque al segundo no lo veré hasta... ¿hasta cuándo?)
Y, pasado el cuarto de hora, mi padre y su mujer pasaron con el coche a recogernos. Carmen y yo nos levantamos, nos dirijimos hasta ellos y, de pronto, le vi. Iba en grupo (con SU grupo, ese que tantas veces últimamente me dice de salir y tantas veces rechazo) con el pelo corto (no le había visto con ese peinado...) y una camiseta de manga corta, que le quedaba perfectamente.

¿Qué hice?
Algunos pensaréis: 'bueno, se cruzó con él pero no le saludó' o un 'no... ¡es Lara! ¡claro que le saludó!'
Pues no.
Pensé que volver a encontrármelo sería bueno. Pensé que cuando ocurriese, estaría preparada (¡total! ¡nunca ocurrió nada! ¡debería estar superado!) pero no.
Solo me dio por temblar, mi voz se quebró y, con nerviosismo, le pedí a Carmen que tirásemos por otro lado, que no quería encontrármelo por nada del mundo. Ella me tapó y conseguí esquivar al grupo pero, mientras pasaba de largo con las lágrimas agolpándose en mis ojos, no podía dejar de mirarle. Como una verdadera imbécil.

Iba guapísimo, cómo no.
Y yo me pregunto: ¿Acaso sirvió de algo encontrármelo por mucho que digan que cosas así fortalecen?

Me temo que no.
Tan solo me sentí como si, tras muchos pesares, me hubiese adentrado en las páginas de su vida. Como una lectora anónima, como alguien que estuvo ahí pero nunca llegó.





A veces pienso: '¿y si me dijesen de volver a luchar como luché? ¿y si alguien me hiciese saber que, si lo hago, conseguiría tenerle?'
Y es que en múltiples ocasiones me asustan las respuestas que puedo llegar a dar a tales preguntas.



Conclusión. por supuesto: dejar de pensar en él. Aunque cueste, aunque cuente muchísimo...